El 24 de marzo a 50 años del golpe: la memoria como campo de batalla
El calendario nos sitúa frente a una cifra que estremece: medio siglo. Cincuenta años han pasado desde aquel 24 de marzo de 1976, y la pregunta sobre cómo abordar este aniversario nos devolvió una respuesta contundente: la realidad no está en los archivos, sino en la disputa feroz que ocurre ante nuestros ojos.
Este número redondo encuentra a la Argentina sumergida en una batalla cultural sin precedentes desde la recuperación democrática de 1983. Por primera vez, es el propio Estado el que lidera un discurso que relativiza, niega y, por momentos, hostiga la construcción histórica del terrorismo de Estado.
La memoria no es el pasado
Como bien señala Pilar Calveiro, la memoria no es historia ni es algo que quedó atrás; es la evocación de un pasado desde las coordenadas de nuestro presente, proyectada hacia el futuro que queremos construir. La ilusión de un "relato cerrado" sobre lo ocurrido se ha desvanecido. Siguiendo a Elizabeth Jelin, debemos abandonar la ingenuidad: la visión dominante no es un consenso estático, sino el resultado de tensiones vivas. La lucha hoy no es entre el recuerdo y el olvido, sino entre "memoria y memoria".
En este escenario, el pacto del "Nunca Más" —que Marina Franco describía sobre pilares de rechazo a la violencia y vigencia plena de los derechos humanos— ha comenzado a crujir. Aquel acuerdo, que creíamos inquebrantable, parece haber descansado más en la debilidad militar de los años ochenta que en una convicción civil definitiva. Las derechas que sustentaron la dictadura nunca se fueron; esperaron su momento.
De la marginalidad al centro del poder
El concepto de "memoria completa", que hoy el oficialismo pregona con videos institucionales y una retórica desafiante, no es nuevo. Como estudian Valentina Salvi y Luciana Messina, este discurso nació en los márgenes militares de los años 90 y escaló hasta la centralidad del poder de la mano de la actual gestión.
No es solo una batalla de ideas. Esta ofensiva se traduce en una praxis política: el desmantelamiento y desfinanciamiento de las políticas públicas de derechos humanos. Se trata de un proyecto integral que busca resignificar términos como "negacionismo" o "desaparecidos" para vaciarlos de su contenido original y usarlos en favor de una agenda que pone el foco en las víctimas de organizaciones armadas para licuar la responsabilidad de la maquinaria estatal represiva.
Mantener el músculo vivo
¿Cómo se sigue cuando el relato parece agotarse por repetición? Pilar Calveiro advierte que repetir siempre lo mismo puede ser, paradójicamente, la derrota de la memoria. El desafío actual es mantener el músculo vivo: conectar las violencias de ayer con las del presente. Reconocer el pasado en lo que nos sucede hoy es la única forma de articular un proyecto político alternativo.
La memoria sigue siendo un proceso abierto y profundamente humano. Hace apenas unos días, el 12 de marzo, María Soledad Nívoli supo que el Equipo de Antropología Forense había identificado los restos de su padre en La Perla. Su frase resume nuestra urgencia: "Ya no soy hija de un desaparecido. Ahora soy huérfana. Esto recién empieza, porque hay muchos más allí".
A 50 años, la búsqueda continúa. Pasado, presente y futuro se entrelazan en una sola certeza: la memoria es un ejercicio del "ahora" para que el "siempre" tenga sentido.
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