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Bariloche asiste a un espectáculo de desidia que ya no se puede ocultar con fotos de protocolo ni cortes de cinta. Mientras en los despachos de Viedma se ensayan silencios estratégicos, en los barrios de nuestra ciudad se sigue respirando veneno. El Vertedero Municipal ha dejado de ser un simple problema de gestión para convertirse en un monumento a la inoperancia, a la indiferencia y, me atrevería a decir, a la crueldad del gobernador Alberto Weretilneck.

Resulta alarmante observar cómo un mandatario empeña su palabra y luego desaparece cuando las papas queman. Weretilneck no solo prometió soluciones, sino que aseguró que la Provincia tomaría las riendas para el traslado definitivo del basurero. Hoy, esa promesa está devaluada. El gobernador viene a nuestra ciudad, se saca la foto de rigor en alguna inauguración y luego se esfuma, dejando a los vecinos del Alto lidiando con un humo que no entiende de agendas electorales.

El cinismo del "aporte" legislativo

Es particularmente llamativo —y cínico— el rol de sus representantes locales. Escuchamos a la legisladora Marcela González Abdala decir que "tiene mucho para aportar" ahora que el proyecto vuelve a comisiones. Es necesario refrescar la memoria: Abdala fue pieza clave de la gestión de Gennuso, la misma que nos trajo a este colapso. Verla hoy en primera fila, junto a otros funcionarios provinciales como Patricia Díaz, pretendiendo ser la solución a un problema que ella misma ayudó a consolidar, es de una hipocresía pocas veces vista.

Que el gobernador no baje una línea clara a sus legisladores y concejales, permitiendo que solo confundan y frenen las iniciativas locales, es una señal inequívoca de abandono. El silencio de Weretilneck lo hace cómplice del caos. Si tiene la llave de la solución provincial y decide no usarla, es el responsable directo de cada pulmón afectado en esta ciudad.

Violencia institucional y abandono

No estamos hablando de conceptos abstractos ni de "equilibrios políticos". Estamos hablando de violencia institucional. Hablamos de niños con asma que no pueden dormir y de adultos mayores respirando partículas tóxicas; de familias enteras que en pleno siglo XXI no pueden abrir una ventana para ventilar su casa. Ignorar esta realidad humana para priorizar una estrategia electoral es de una falta de sensibilidad que raya lo inhumano.

Pareciera que el plan es dejar que el problema se pudra, literalmente, para que el costo político lo pague el municipio en soledad. Es una jugada perversa: prefieren que Bariloche siga sufriendo con tal de no ceder un milímetro en el tablero de poder.

Un mensaje para Viedma

Gobernador, Bariloche no necesita más espectadores de lujo mirando el incendio desde Viedma, desde Nueva York o desde Canadá, donde cierra acuerdos mineros. Si no le interesa el impacto ambiental —algo que queda claro con su agenda extractivista—, que al menos le importe la dignidad de los rionegrinos que dice gobernar.

Deje de esconderse tras tecnicismos legislativos y cumpla su palabra. El humo no se tapa con silencio y la salud de nuestra gente no espera a que le cierren las encuestas. La urgencia es hoy, porque el aire de Bariloche ya no aguanta más hipocresía.

Autor: admin