La "mala señal" de Weretilneck ante la emergencia del basural
Las recientes declaraciones del gobernador Alberto Weretilneck sobre el basural de Bariloche no son solo decepcionantes; son una mala señal política que confirma lo que muchos temían: la provincia sigue buscando excusas para no involucrarse en el foco de contaminación más grave de la Patagonia.
Al supeditar la ayuda provincial a que el conflicto se resuelva bajo un "esquema regional", el mandatario no está ofreciendo una solución, está levantando un muro burocrático. El gobierno de Río Negro no puede seguir mirando para otro lado mientras Bariloche se asfixia.
Una respuesta que llega tarde y mal
Plantear hoy que la provincia podría intervenir solo si el proyecto es regional es un insulto a la inteligencia del ciudadano. Este debate ya está saldado, los diagnósticos están hechos y las promesas de financiamiento han pasado por todas las gestiones sin materializarse.
¿Qué espera el Gobernador? ¿Que los municipios se pongan de acuerdo mágicamente en un sitio de disposición final cuando es la propia Provincia la que debe ejercer el poder de policía y liderazgo ambiental? La responsabilidad provincial no es optativa, es un mandato constitucional que no admite más demoras.
La señal que envía el Ejecutivo rionegrino es de una preocupante orfandad para la zona andina. Mientras en otros puntos del territorio se anuncian inversiones y megaproyectos, para el desastre ambiental del vertedero solo hay condicionamientos y tecnicismos.
- No es un problema local: Un basural a cielo abierto de estas dimensiones es una catástrofe que afecta napas, salud pública y la imagen del principal motor turístico de la provincia.
- La inacción es una decisión: Decidir no intervenir de forma directa y urgente es decidir que los vecinos del Alto sigan conviviendo con el humo y la desidia.
Basta de diagnósticos
La política de "lavarse las manos" bajo el argumento de la autonomía municipal o la necesidad de regionalización ya no tiene margen social. Weretilneck sabe que Bariloche no puede sola con la magnitud técnica y financiera que requiere el cierre y traslado del vertedero.
Gobernar es establecer prioridades. Y si para este gobierno la salud de miles de barilochenses y la preservación del entorno cordillerano no son una prioridad inmediata, entonces estamos ante un abandono de funciones.
La provincia tiene los recursos y la autoridad. Lo que parece faltar es la voluntad política de dejar de ser un espectador de lujo para convertirse en el actor que resuelva, de una vez por todas, esta vergüenza ambiental. Señor Gobernador, no hay más tiempo para plazos ni esquemas; hay una urgencia que no espera.
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